Rasputín, la leyenda de un pene

Publicado el Lunes, 30 Enero 2017

Existen muchas historias rodeadas de misterio y erotismo alrededor de Rasputín, también conocido como “el monje loco”, un curandero siberiano que ejerció gran influencia en la corte de los zares de Rusia a principios del siglo XX. Se llegó a decir que se trataba de un espía alemán, y que era una máquina de sexo. Pero ¿quién fue realmente este personaje?

Grigori Yefímovich Rasputín (1872) fue algo así como un sacerdote ortodoxo, que se había criado en una familia humilde en el campo.

A pesar de ser prácticamente analfabeto, el misticismo de la sociedad rusa del momento le ayudó a introducirse en la corte gracias a la fama sobre sus poderes sanadores. De alguna manera (supuestamente con hipnosis), consiguió detener las hemorragias del hijo hemofílico de la zarina de Rusia, Alejandra Fiódorovna (de quien se dice fue amante), por lo que se convirtió en su confidente y consejero.

A partir de ahí, adquirió gran influencia en la corte del zar Nicolás II, hasta tal punto que se llegó a decir que el zar reinaba pero era Rasputín quien verdaderamente gobernaba.

A pesar de su aspecto desaliñado (con una cabellera enmarañada y una frondosa barba) tenía un cierto magnetismo con una mirada penetrante, hipnótica y seductora. Al parecer, curaba a las personas con su magnetismo sexual, que consistía en una especie de masajes eróticos que aplicaba no sólo a mujeres, sino también a hombres.

La leyenda dice que organizaba orgías (a modo de prácticas religiosas) y que tuvo relaciones sexuales con cientos de mujeres (siendo sus amantes numerosas damas de la corte).

Sin embargo, en un libro publicado hace algunos años, sus autores afirman que tenía problemas de erección e inclinaciones homosexuales. De manera que, para disimular su impotencia, excitaba a sus amantes con caricias y masajes eróticos, sin llegar a la penetración.

Este aldeano llegó a ser considerado una amenaza por la aristocracia, que organizó una conspiración secreta para acabar con su vida. Fue asesinado en 1916 por el príncipe Félix Yusúpof (del que se dice que era bisexual y que estaba enamorado de Rasputín) en complot con otros nobles. Existe cierta polémica sobre si murió por envenenamiento con cianuro, por diversos disparos que recibió o ahogado en un río.

Lo más curioso es el gran interés generado a lo largo de la historia hacia el pene de Rasputín. Se dice que era el más grande conocido (supuestamente medía más de 40 centímetros y tenía un impresionante diámetro, aunque se conservan menos de 30). Tras su muerte su pene fue encontrado y se encuentra expuesto actualmente en el museo de arte erótico de San Petersburgo. Existen muchas historias sobre cómo llegó allí, al parecer, de alguna manera, en 1920 apareció en París y deambuló por Europa como símbolo de fertilidad, hasta 1967 en que una anciana parisina lo sacó a la luz. Un eminente doctor ruso, fundador de dicho museo, afirma haberlo comprado por 8000 dólares, aunque no existen pruebas fehacientes de que el miembro viril pertenezca, en efecto, a Rasputín.

Su leyenda como máquina de sexo fue tan lejos que actualmente existe incluso cierto artefacto masturbador, con motor de gran velocidad, que lleva su nombre y que puede realizar, ni más ni menos, que 250 penetraciones por minuto.

Finalizo con una de las máximas del monje loco que, aplicada al sexo, da mucho juego: “Antes de que podamos arrepentirnos, tenemos que pecar”.

 

 

 Documental sobre Rasputín de canal BIOgrafy

 

 

 

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