La histeria y la invención del vibrador

Publicado el Miércoles, 11 Marzo 2015 Escrito por Ester Álvarez

 

Lejos de lo que pueda imaginarse, el vibrador que actualmente se considera un juguete sexual, fue inventado con un fin médico más que lúdico. En este breve paseo por la historia, vamos a descubrir cómo sucedió ese curioso hecho, que está íntimamente relacionado a una supuesta enfermedad femenina: la llamada histeria.

Existen registros sobre cuadros de histeria desde el Antiguo Egipto, donde se conocen papiros que describen casos de mujeres con diversos síntomas relacionados con alguna alteración en el útero. También en la Grecia Clásica se asociaba esta enfermedad a perturbaciones en el útero, y es de ahí precisamente de donde proviene la palabra histeria, ya que significa “útero” en griego. La idea que se tenía sobre la histeria, por aquel entonces, consistía en que el útero se movía por el interior del cuerpo de la mujer afectando a algunos órganos, lo que provocaba diversos síntomas. La causa de esto la asociaron con la abstinencia sexual, por lo que la prevención pasaba por mantener relaciones sexuales (matrimonio para las solteras y coito para las casadas). Platón, le atribuía al útero un deseo de hacer hijos, de manera que si éste permanecía estéril por falta de relaciones sexuales y la mujer no quedaba embarazada, el útero comenzaba a dar problemas por todo el cuerpo. Para Hipócrates, el tratamiento consistía en recolocar el útero a través de la inhalación de determinadas sustancias.

A lo largo de la historia existieron diferentes discursos alrededor de la histeria (por supuesto, plagados de machismo y misoginia). Así, en la Edad Media, las mujeres identificadas con cuadros histéricos (aquellas que se comportaban de manera diferente a lo esperado), eran consideradas brujas, locas, malditas, poseídas por demonios… lo que fue perseguido y castigado por la Inquisición con la hoguera.

A partir del siglo XV, con la llegada del Renacimiento y el auge de las ciencias y la medicina, la histeria comienza a ser considerada una enfermedad nerviosa. Durante mucho tiempo se consideró una enfermedad exclusiva de las mujeres, un tipo de neurosis caracterizada por inestabilidad emocional y una serie de síntomas físicos como irritabilidad, dolores de cabeza, ansiedad, insomnio... Llegó a decirse que la histeria era un componente esencial de la naturaleza femenina, de manera que para un hombre ser llamado de histérico era una ofensa.

Posteriormente, en el siglo XIX, Freud, admitió que la neurosis histérica no era propia de las mujeres sino que también podía estar presente en hombres. Aunque en relación a la mujer, concretamente, afirmó que la causa era una experiencia sexual pasiva antes de la pubertad. Según su teoría, no abandonar el clítoris en favor de la vagina como referencia de su sexualidad indicaba una disposición histérica (como consecuencia de esta afirmación, aún a día de hoy persiste la absurda dicotomía entre orgasmo clitoriano y vaginal).

Durante aquellos años (aunque parezca totalmente cómico), el tratamiento para la histeria femenina consistió en masajes en el clítoris realizados por médicos en sus consultas, hasta que la mujer alcanzaba el paroxismo histérico, conocido actualmente como orgasmo (por entonces el orgasmo femenino aún no era reconocido). Después los síntomas de la mujer remitían, al menos por un tiempo. En esta época cualquier comportamiento fuera de lo común en una mujer, (irritabilidad, ansiedad e incluso tener fantasías sexuales) era considerado un síntoma de histeria, lo que dio lugar a prácticamente una epidemia de mujeres transitando las consultas de médicos, que al parecer acababan exhaustos del esfuerzo manual para masajear a tantas mujeres.

El primer vibrador que apareció, fue patentado en 1869 por el médico norteamericano George Taylor. “The manipulator” (como lo llamó su creador) era movido a vapor. Posteriormente, en 1880, el médico inglés Joseph Mortimer inventó el primer vibrador movido a manivela. Y unos años después, ya en el siglo XX se comercializó el primer vibrador eléctrico. En adelante comenzaron a hacerse más pequeños para que las mujeres pudieran usarlos en sus propias casas, sin necesidad de ir a la consulta médica.

Curiosamente, a comienzos del siglo XX, los vibradores aparecían en revistas femeninas. Se anunciaban con la intención de ayudar a la salud de las mujeres y a relajarse. Algunas publicidades decían cosas como “Vibración es vida” o “Porque tienes derecho a no estar enferma”. En esta época la aplicación del vibrador en el clítoris se consideraba una práctica totalmente médica.

Más adelante comenzaron a aparecer vibradores en las películas pornográficas, usándose para dar placer a las mujeres, por lo que estos adquirieron una connotación vulgar y dejaron de tener fines terapéuticos, desapareciendo de las revistas y periódicos. El vibrador permaneció en clandestinidad hasta la década de los sesenta, con la revolución sexual femenina, cuando se asocia al orgasmo obtenido por la estimulación directa del clítoris. Su eficacia en la producción de orgasmos en las mujeres lo convirtió en un importante accesorio sexual. Los avances tecnológicos han ido desarrollando vibradores cada vez menos pesados, más duraderos, con distintas vibraciones… hasta llegar a los vibradores de alta tecnología que incluso pueden manejarse desde el móvil.

En cuanto a la histeria, en 1952, la Asociación Americana de Psiquiatría la eliminó como tal de los manuales de diagnóstico, dividiéndola en diferentes trastornos. Aunque, sin duda, a nivel popular se sigue catalogando a las mujeres de “histéricas” con un sentido peyorativo. Es evidente que convertir en una patología la sexualidad femenina, fue el mejor modo de controlarla y de negar el placer de las mujeres durante mucho tiempo.

Finalmente, como recomendación, podéis ver la película “Hysteria” de 2011, dirigida por Tanya Wexler. Se trata de una comedia basada en hechos reales sobre la creación del primer vibrador. Situada en la ciudad de Londres, del siglo XIX, cuenta como el doctor Mortimer Granville, debido a la cantidad de mujeres que aquejadas de lo que se conocía como histeria, llegan a la clínica en la que trabaja, acaba teniendo problemas en sus manos y recurre a su amigo, el inventor Edmund St John-Smythe, creando así un masajeador electromecánico. Tal vez una de las escenas que mejor retrata la concepción de la histeria de aquel tiempo, es cuando una de las protagonistas, que está siendo juzgada en un tribunal por haber agredido a un guarda, es llamada de histérica por el promotor, quien pide que sea internada en un psiquiátrico o sometida a una cirugía de extirpación del útero.

*  Las imágenes publicadas son fotogramas de la película "Hysteria" de Tania Wexler.

 

 

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