Helen Singer Kaplan y el deseo

Publicado el Martes, 14 Febrero 2017

El pasado 11 de febrero se celebró el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Se trata de una fecha proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, en reconocimiento al papel clave que el género femenino desempeña en la comunidad científica, con el objetivo de apoyar a las mujeres científicas y promover el acceso de mujeres y niñas a la educación y la investigación en este ámbito.

Dicha conmemoración me hizo pensar en la poca visibilidad que se les ha dado a las mujeres a lo largo de la Historia en muchos aspectos, pero más aún en la ciencia, y en la importante aportación que han hecho algunas mujeres investigadoras concretamente a la Sexología. Por ello, voy a hablaros de una pionera en el campo de la terapia sexual que llevó a cabo grandes contribuciones en este área, la doctora Helen Singer Kaplan (1929 – 1995).

Licenciada en medicina, doctorada en psicología y especializada en Sexología, ha sido considerada una de las máximas autoridades en disfunciones sexuales.

Fue directora de la Human Sexuality Clinic del Hospital de Nueva York, la primera clínica del mundo en tratar los trastornos sexuales.

Muchos de sus escritos y enseñanzas de los más de siete mil casos que trató en su extensa práctica clínica, están recogidos en manuales. Algunos de sus libros son: La nueva terapia sexual (1974), Trastornos del deseo sexual (1979) y La eyaculación precoz (1989).

Su importante papel como pionera de la terapia sexual se vio incrementado por el momento histórico, ya que en la Década de los 60 se inició en Estados Unidos una Revolución Sexual que ponía el acento en la libertad para el disfrute de las relaciones sexuales, tal como ella misma defendió al negar que el sexo fuera algo sucio o dañino.

Una de las mayores conquistas de Helen Kaplan, fue proponer (en 1979) una modificación del modelo de respuesta sexual elaborado anteriormente por Masters y Johnson, que consistía en introducir el deseo como primera fase de la respuesta sexual.  Su teoría se conoce como el modelo trifásico de la respuesta sexual humana y costa de tres fases independentes: la fase de deseo, excitación, y orgasmo. Esta etapa del deseo fue aceptada por la comunidad científica posteriormente.

 

Por Magda Ávila Caldera

 

El deseo fue definido por Kaplan como “sensaciones específicas de apetito o impulso sexual que mueven al individuo a buscar experiencias sexuales o a mostrarse receptivo a ellas”, y que se inicia en diversas regiones del cerebro. En esta fase no hay ningún cambio físico concreto (esto probablemente fue ignorado anteriormente porque se suponía que la respuesta sexual sólo ocurría con actividad física). Sin embargo, el deseo no siempre está presente durante la actividad sexual y Kaplan entendió este concepto. Un ejemplo de esto sería cuando uno de los miembros de la pareja participa de la actividad sexual solo para satisfacer a la pareja aunque no sienta deseo de hacerlo.

La importancia del enfoque de Kaplan en tres categorías separadas significaba que las disfunciones sexuales podían localizarse en una de estas tres fases, estando cada una asociada a diferentes causas. De manera que diagnosticar adecuadamente el trastorno suponía saber en qué etapa se encuentra este, lo que respondería a intervenciones terapéuticas diferentes y específicas.

Frente al enfoque tradicional del psicoanálisis, cuyas largas terapias para las  disfunciones sexuales ponían el acento en el análisis de la vivencia psíquica, Kaplan propuso terapias breves y de alta efectividad para los trastornos sexuales.

Quizá la mayor contribución de Helen Kaplan a la Sexología sea con respecto al estudio del cerebro y de los circuitos neurotransmisores en el inicio del deseo, lo que trasladó el centro de la sexualidad de lo genital al cerebro. Esto fue vital para empezar a percibir el papel del cerebro en la generación del deseo y por tanto en la sexualidad.

Os dejo con una frase de ella haciendo, alusión al deseo, que viene de perlas para el Día de los enamorados: “no se ha descubierto ninguna sustancia que pueda rivalizar con el efecto afrodisíaco que provoca el estar enamorado”.

 

 

 

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