Tu excitación me excita

Publicado el Martes, 21 Febrero 2017

¿Te has preguntado alguna vez si te gusta más dar o recibir placer?

Es cierto que dejarse hacer en el sexo suele verse como una de las cosas más placenteras. Nada como que te hagan sexo oral, un masaje sensual o una sesión de caricias, mientras puedes centrarte en tus propias sensaciones y dejarte llevar.

Pero también es verdad que a mucha gente lo que más le pone es dar placer, y de ahí el título: “tu excitación me excita”. Porque la percepción del placer que le estamos proporcionando a nuestra pareja puede ser un gran estimulante de nuestra propia excitación, mayor incluso que cualquier otro.

Tal vez te ha pasado alguna vez que mientras estabas besándote con alguien o metiéndole mano, percibiste su respiración jadeante, o sus pulsaciones acelerándose, y de alguna manera sabías que tu amante se estaba excitando mucho y eso te puso a cien.

¿Por qué sucede esto?

Existe, en efecto, entre los amantes, una interacción física y psicológica recíproca, que provoca que nuestra excitación se vea afectada, no solo por nuestras propias sensaciones, sino también por la percepción de la excitación de la pareja.

Por ello, para algunas personas, resulta muy placentero ver a su amante disfrutar y solo con esto pueden hasta llegar al orgasmo.

Aquí se encuentra la clave, por ejemplo, de por qué nos puede excitar mucho ver a nuestra pareja masturbarse. No solo por el efecto voyeur de la práctica, sino que el propio hecho de percibir el placer y la excitación de la otra persona puede ser un elemento muy morboso.

No sé si el que nos guste más dar o recibir placer, tiene algo que ver con que seamos más o menos egoistas, o simplemente con la capacidad que tengamos para percibir la excitación de nuestra pareja y lo mucho que nos ponga esto.

Tampoco todo el mundo percibe de manera consciente ese aumento de excitación derivada del placer y  la excitación ajena. A menudo se nos pasa por alto porque estamos inmersos en nuestras propias sensaciones. Aunque nos influya la excitación del otro en la nuestra propia, puede pasarnos desapercibida si no somos capaces de pararnos en los detalles para poder percibir cómo aumenta poco a poco la excitación del otro al ritmo de la nuestra.

También es verdad que a veces justamente lo que hace que se nos corte el rollo es el hecho de no reconocer esa excitación en la otra persona. Aunque uno de los dos miembros de la relación sexual esté excitado, si no se produce esa interacción recíproca, probablemente este acabará enfriándose.

¿Cómo percibimos la excitación de nuestra pareja?

Existen diversas señales que son fáciles de observar, la respiración es la más común: si empieza a hacerse entrecortada, a suspirar o jadear, pueden ser claros indicios de que nuestro/a amante se está excitando mucho. El rostro también puede decirnos bastante: si cierra los ojos para dejarse llevar, si nos devora con la mirada, si su tez se sonroja… La aceleración del pulso y los  latidos cardíacos también son clara muestra de que nuestra pareja se está poniendo a tono.

Placer y excitación van de la mano. Sabemos que cuando sentimos placer aumenta nuestra excitación y conforme esto sucede se incrementa el placer. Del mismo modo, las señales de excitación de la otra persona nos sugieren que está sintiendo placer: los gemidos, los movimientos... todo el cuerpo expresa el placer y la excitación. Disminuir el ritmo, pararnos por un instante para ser capaces de percibir estos cambios en nuestro/a amante, de manera consciente, puede ser un gran aliciente en nuestra propia excitación. ¿Te atreves a probarlo?

 

 

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