Próstata y placer

Publicado el Miércoles, 07 Octubre 2015

El placer prostático es todavía un tabú para muchos hombres, sobre todo para los heterosexuales, que suelen negarse a aceptar que pueden disfrutar de él. Al contrario sucede cuando las relaciones sexuales se realizan entre dos hombres homosexuales, mucho más abiertos a experimentar con ésta y otras fuentes de placer.   

A pesar de ello, lo cierto es que la estimulación de la próstata, mediante el masaje prostático, bien sea con la mano, mediante penetración o con juguetes específicos, produce un gran placer que no siempre tiene por qué venir acompañado de orgasmo. El simple hecho de acariciar la zona, provoca una serie de sensaciones muy placenteras que os proponemos experimentéis sin miedo.

La próstata cuenta con múltiples terminaciones nerviosas que, estimuladas con suaves caricias, desembocan en unos estímulos deliciosos que pueden llegar a provocar una erección. Esta erección, junto a la estimulación que se produce dentro y fuera del ano, ocasiona en el hombre un incremento del placer erótico. Estas caricias deben ser realizadas con cuidado ya que estamos hablando de la introducción de un dedo, masajeador o, en el caso de las relaciones homosexuales, de un pene en la zona del ano.  Siempre deben ir acompañadas de una lubricación adecuada y, cómo no, del uso de preservativos, que ayudarán a evitar cualquier tipo de infección.  La higiene de la zona, antes y después de realizar esta práctica, también es recomendable y necesaria. 

 El llamado punto “P”, o punto “G” masculino, se encuentra ubicado dentro de la zona anal, frente al recto, a unos 4 ó 5 centímetros del esfínter, y debajo de la vejiga. Esta glándula, perteneciente al aparato urogenital masculino, tiene forma de nuez y su contribución es clave en el orgasmo masculino.  Su principal función, desconocida para muchos, es la de producir el líquido prostático que se origina durante la eyaculación y que nutre y protege el esperma durante el acto sexual, constituyendo el principal componente del semen.  

Para los que queráis comenzar a experimentar con esta práctica, podéis empezar acariciando la zona desde fuera, presionando con los dedos en el área del perineo, entre los testículos y el ano.  Generaréis una sensación placentera y un masaje relajante.  

Si vuestra opción es realizar el masaje de forma interna, deberéis introducir el dedo en el ano, ya mencionamos anteriormente  que es fundamental que esté lubricado y envuelto en un preservativo, para después frotar suavemente al principio, con el dedo índice, masajeando los laterales de los lóbulos de la próstata y siempre teniendo cuidado de no presionar demasiado sobre los nervios del centro.  

La decisión de probar este nuevo juego es muy personal y requiere de cierta complicidad con la pareja, si se practica con ella. Como en todas las prácticas que experimentéis juntos, la comunicación es muy importante, decidle qué os gusta y cómo puede hacerlo mejor.  Si, por el contrario, lo practicáis solos, simplemente seguid vuestros gustos.  ¡Adelante! 

Este masaje se puede realizar también con juguetes o  masajeadores específicos. Los hay de todos tipos y tamaños, adaptados a los que queréis comenzar y para los que ya estéis más acostumbrados.  Algunos acarician la zona del perineo al mismo tiempo que alcanzan la próstata e incluso los testículos, y son ideales para principiantes.  Otros, para los más experimentados, son algo más sofisticados y cuentan con distintas velocidades para adaptar la intensidad del masaje.   

Desde aquí, os invitamos a que experimentéis con o sin pareja. Hay que derribar esas barreras que impiden que los hombres disfruten más plenamente de las oportunidades que su cuerpo les ofrece.

 

 

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