Obesidad y relaciones sexuales

Publicado el Lunes, 17 Julio 2017

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad ha alcanzado proporciones epidémicas a nivel mundial. Esta consiste en la acumulación excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud.

Actualmente, un 17% de los adultos sufre obesidad, lo que significa que su Índice de Masa Corporal (IMC) es igual o superior a 30 kg/m2. Este índice muestra la proporción de grasa corporal. Si llega a 40 se considera obesidad severa. Y por encima de 25 ya se califica de sobrepeso.  

El sobrepeso alcanza a más de la mitad de la población. Según la OMS, mil millones de personas adultas tienen sobrepeso y esto va en aumento. Sin embargo, es importante diferenciar entre obesidad y sobrepeso, pues en el primer caso sí que existe evidencia de un detrimento de la vida sexual, mientras que un poco de sobrepeso no tiene por qué influir en la sexualidad. Puede hacerlo únicamente en relación con la pérdida de autoestima hacia la imagen corporal (sobre todo en las mujeres, que a diario se ven fuertemente presionadas por los cánones de belleza de extrema delgadez).

¿Cómo afecta a la vida sexual tener un problema de obesidad? ¿Se convierte en una limitación para las relaciones sexuales?

No suele hablarse de las dificultades sexuales con las que se encuentran quienes padecen obesidad. Por lo general, la persona afectada ni siquiera lo comenta con el médico. Sin embargo, este tipo de problemas se presentan con frecuencia. En muchos casos, cuando la obesidad es extrema, la vida sexual desaparece.

La persona obesa a menudo suele ser sedentaria, y esto a su vez también se ve reflejado en la sexualidad, pues cualquier actividad física provoca cansancio e incluso puede causar dificultades para respirar, lo que no sólo disminuye la frecuencia de las relaciones sexuales, sino que cuando se producen tienden a ser monótonas e insatisfactorias.

La obesidad dificulta las relaciones sexuales a la hora de moverse y de encontrar posturas para determinadas prácticas. En casos extremos, el coito se convierte en una práctica imposible. También como consecuencia del exceso de peso el aparato locomotor puede verse afectado, por ejemplo, al nivel de las articulaciones, dificultando aún más los movimientos durante las relaciones sexuales.

Además de ser un factor de riesgo de problemas sexuales, la obesidad también se relaciona con un aumento de los niveles de azúcares y colesterol, y mayor probabilidad de padecer enfermedades como diabetes, arteriosclerosis, cardiopatías o hipertensión arterial. Todo ello influye a su vez en el área sexual, ya sea directamente o debido a medicamentos que se usan para tratar esas dolencias.

En relación con las hormonas, la obesidad reduce los niveles de testosterona, hormona que regula el deseo sexual, por lo que se produce una pérdida del mismo.

Por otra parte, los problemas circulatorios derivados de la obesidad dificultan la erección en los hombres y provoca disminución de la lubricación, pérdida de sensibilidad genital y anorgasmia en las mujeres.

Otra de las consecuencias de la obesidad son los problemas de infertilidad. En las mujeres aumenta la posibilidad de padecer ovarios poliquísticos y en los hombres disminuye la calidad del semen.

A nivel emocional, la obesidad también afecta a las relaciones sexuales, debido a la pérdida de autoestima, inseguridad de la persona con su propio cuerpo y temor a mostrarse desnuda delante de la pareja.

Como vemos, la obesidad puede perjudicar en muchos aspectos nuestra sexualidad. La buena noticia es que el ejercicio físico habitual y una dieta saludable, no sólo es positivo para evitar el exceso de peso, sino que va a mejorar nuestra vida sexual. Además, sabemos que el sexo es estupendo para quemar calorías, así que como ejercicio físico preventivo ¡no hay nada mejor que una buena sesión de sexo!

 

 

 

* Imágenes de la obra "Kamasutra" de Botero.