Descubriendo los senos

Publicado el Martes, 12 Julio 2016

Existe una zona del cuerpo femenino que se asocia frecuentemente con sexualidad. Esta zona es, sin duda, la relativa a los pechos, que mientras en los hombres suele pasar más desapercibida, a las mujeres a menudo les provoca más de un quebradero de cabeza: que si mis tetas son muy pequeñas o demasiado grandes, que si las tengo caídas o una es más grande que otra, que si me molesta el sujetador (pero si no lo uso se me transparentan los pezones), que si me han salido estrías, que si esta camiseta me hace demasiado escote o poco… A veces parece que todo gira en torno a esos dos bultos delanteros. Pero ¿qué esconde realmente el mundo de los senos que tal vez desconoces?

En las chicas, los pechos se desarrollan generalmente durante la pubertad, a lo largo de un periodo de 2 a 4 años para alcanzar su madurez. Las mamas humanas son únicas en este sentido entre los primates, ya que en estos sólo crecen cuando están amamantando. Por tanto, parece ser que, con la evolución, los senos de las mujeres adquirieron una función sexual, además de la de crianza.

Los senos están formados por glándulas sudoríparas modificadas (glándulas mamarias que son las que producen leche), y grasa que es lo que les da el volumen. Así, la leche está compuesta por carbohidratos, proteínas, vitaminas, minerales, grasas, hormonas y anticuerpos. Curiosamente esta composición cambia con la edad del bebé para adaptarse a sus necesidades. Además, los anticuerpos son muy importantes para la salud del bebé, ya que lo protege de infecciones, por ello en algunos países existen incluso programas de donación de leche.

Hablar de lactancia implica, por supuesto, que se trata de una opción tan personal como la decisión de ser madre, también que es necesario que las mujeres que decidan amamantar a sus bebés reciban toda la ayuda posible (ya que en algunos casos no les resulta nada fácil) y, sobre todo, implica que la sociedad se comprometa con una concienciación acerca de la libertad para amamantar en los espacios públicos.

Por otro lado, siguiendo con el descubrimiento de los senos, tenemos que los conductos de las glándulas mamarias terminan en el pezón. Esta parte se encuentra rodeada por un círculo de piel más oscura llamado areola, que contiene unas glándulas sebáceas (Montgomery) que liberan un líquido aceitoso para proteger los pezones (sobre todo durante la lactancia para que no duelan ni se agrieten).

En cuanto al tamaño y forma de los pechos, así como tamaño y color de la areola, existe una gran variedad, y esto es algo que parece que no queremos aceptar las mujeres. Curiosamente pecho y pezón pueden aumentar hasta un 25% cuando la mujer está excitada.

Los hombres también tienen glándulas mamarias (esto significa que también pueden padecer cáncer de mama, aunque sea menos frecuente), pero normalmente se encuentran inactivas, salvo algunas excepciones como, por ejemplo, debido al tratamiento hormonal para cáncer de próstata.

Si te has preguntado alguna vez por qué tenemos dos pechos, parece que se trata de una respuesta evolutiva adaptada al tamaño de la camada, o sea al número medio de crías. Es decir, las mujeres normalmente dan a luz a uno o dos bebés por eso contamos con dos senos, y así con el resto de los mamíferos.

Sin embargo, existe cierta probabilidad (muy baja pero real) de tener un tercer pezón, tanto en hombres como en mujeres. Se les llama pezones “supernumerarios” y aunque generalmente se sitúan a lo largo de las líneas mamarias (de la axila a la ingle), pueden aparecer en más sitios, ¡incluso en la planta del pie! Lo que sucede es que a veces no se reconocen como tales porque suelen ser pequeños y no están bien formados.

Desde el punto de vista erógeno, los pezones, tanto de hombres como de mujeres, están llenos de terminaciones nerviosas, que al estimularse pueden ser fuente de placer sexual (al parecer, algunas mujeres incluso pueden llegar al orgasmo estimulando esta zona). Sin embargo, eso depende de cada persona, no a todo el mundo le gusta que le estimulen los pezones ni de la misma manera. Además, no sólo los pezones pueden ser un punto erógeno, sino que todo el pecho en sí mismo. Así, en definitiva, descubrir cómo tocar, besar o morder un seno puede ser todo un arte sensual.

 

 

* Imagen de portada: cuadro titulado "Senos" de Alex Tahore 

 

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