¿Y qué llevas puesto?

Publicado el Jueves, 24 Marzo 2016

-  "¿Y qué llevas puesto?”

¡Me encanta cuando me preguntan esto! Siempre me resulta muy divertido, porque no se desarrolla igual en todos los momentos ni produce los mismos resultados.  

Obviamente cuando estás hablando por teléfono de estos temas a veces es porque estás lejos de alguien con quien te gustaría estar haciendo otras cosas en vivo y en directo. La distancia es bastante incómoda para solucionar deseos y necesidades tan físicas. Sin embargo hay otras ocasiones en las que estas conversaciones se suceden cuando no existen impedimentos para estar con tu pareja, y sencillamente forman parte del juego de la seducción y los preliminares.

Ya he contado otras veces las mil formas de tener satisfactorios momentos sexuales por vía telemática, con fotos, a través de whatsapp, tinder o cualquier otra aplicación. También he hablado de las palabras que nos gusta decir o escuchar en esos momentos, pero nunca os he comentado cuánto me gusta hacerlo directamente por teléfono, tal cual. Llamar y poner a cien a la otra persona y contarnos lo que nos gustaría o nos apetecería. De viva voz. Con sus gritos, susurros, gemidos o suspiros. Sin emoticonos ni símbolos inertes.  

Por contaros mi experiencia, os diré que lo mejor para mí por supuesto es cuando los dos estamos solos, con tiempo, libres de interferencias y podemos recrearnos en una llamada larga y totalmente abierta a la imaginación… 

-  “…y ¿dices que hoy no llevas sujetador? ¿Por qué?”

-  “Porque llevo un jersey de punto grueso muy apretado que me sujeta todo muy bien. Y además como es muy suave me gusta la sensación tan agradable que me produce en los pezones” 

-  “Pues yo voy a tener que desabrocharme los pantalones porque estoy notando como ha crecido mi interés por ver eso” 

Aunque también se me ha dado el caso de que esto mismo lo hayamos probado estando los dos en la misma casa. Y claro, la opción de poder rematar ese creciente deseo corriendo a la habitación de al lado en el último momento, aún con el móvil en la mano, es espectacular. Se pueden poner reglas para jugar, y establecer por ejemplo que el que se aguante más tiempo las ganas sin moverse de su sitio es el vencedor y tiene derecho a pedirle al otro ‘algo’ especial. Aquí confieso que he perdido la mayoría de las veces.  

Pero tiene sobre todo su punto divertido cuando te decides a hacerlo, y para la otra parte no es el momento adecuado ni oportuno. Y ahí es donde entran las múltiples variedades de este juego. Alguna que otra vez se me ha ocurrido llamar a mi chico a calentarle, a sabiendas de que no podía atender mis requerimientos y muchísimo menos entretenerse en deleitarse con mis palabras. Sin embargo, también sabía cuánto iba a ponerle escucharme y, sobre todo, que no podría resistirse a oírme y por tanto que no sería capaz de cortar la comunicación mientras yo disfrutaba de un estupendo orgasmo en la distancia. 

Y ya no puedo entretenerme hoy más porque creo que me está sonando el teléfono…

 

 

* Ilustración de Francisco Asencio

 

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