Una buena escenografía

Publicado el Jueves, 11 Mayo 2017

Comentando el otro día con los amigos sobre fetichismos y otras prácticas con las que cada uno de nosotros disfruta más su sexualidad, Luis terminó hablándonos sobre la ropa, los disfraces y todo tipo de arneses, o como a él le gusta llamarlo, “el atrezo” para ambientar el momento erótico. Es un tema que le fascina desde siempre. Y es que todo influye mucho y es importante: desde cómo ambientas la habitación, a cómo te encuentras el espacio amatorio cuando llegas a él, o cómo vamos vestidos por fuera, habitualmente ex profeso para la ocasión, pero sobre todo lo que nos ponemos por dentro como un extra para entrar en situación.

Es cierto que a mi amigo le erotiza casi por igual un conjunto de ropa interior de seda negra con ligueros, que un cuerpo desnudo adornado con un largo collar de perlas, porque a él le resulta facilísimo en la mayoría de los casos, sintonizar con su pareja, pero siempre le gusta que haya un algo más. Es su capricho especial para ponerse a cien. Y la verdad es que con la de artículos bonitos que hay en las tiendas especializadas lo que da pena es no utilizar algunas de estas joyas. Mis favoritas son las pezoneras, sobre todo ahora que puedes decorarte con minuciosidad los pechos y el pubis, si eres de ir muy depilada, con maravillosos tatuajes de quita y pon. Aunque también los arneses o los cinturones de piel son adornos muy sugerentes con los que puedes sorprender mucho y bien a tu pareja. Y yo adoro esa mirada que se le pone a mi chico cuando sin avisarle me desprendo del albornoz y dejo al descubierto mi cuerpo desnudo envuelto en correas.

Pero no creamos que sólo somos las chicas las que tenemos que ir bien preparadas. Para ellos también hay de todo, y en especial a mi me excitan sobremanera los tangas de cuero, y me encanta que se los pongan.

Volviendo a Luis, nos contaba que se encuentra con pocas chicas que suelan llevar este tipo de adornos encima, o se atrevan a jugar con artillería pesada, y eso que no estuvo profundizando mucho en otras cuestiones como el “bondage” o el “sado”. Así que para poder satisfacer sus deseos, él suele comprar bastantes cosillas y guardarlas en casa, ya que después tiene la buena costumbre de regalarlas a las mujeres que deciden subir con él a su piso. Siempre por supuesto con el beneplácito de la acompañante de turno, Luis, exhibe su repertorio de tienda erótica y deja que su pareja escoja lo que le apetece más llevar. Se suele dejar sorprender y en un noventa y nueve por ciento de las ocasiones triunfa y ambos terminan encantados. Por eso no consigue entender que en general esos juegos no se den por propia iniciativa femenina. Por supuesto es su experiencia personalísima y su estadística, pero yo, que suelo gastar mucho juguetito sexual, reconozco que quizás solemos dejarlo más para cuando un amante se nos repite, no para las primeras veces. Sin embargo, como me gusta aprender de confidencias y aventuras ajenas, voy a fiarme de mi amigo y a partir de ahora intentaré incluso en mis encuentros apasionados más esporádicos ir bien surtida y sorprender con mi atrezo interior. ¡Todo sea por disfrutar! 

 

 

 

 

* Ilustración de Francisco Asencio 

 

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