Todo se ha inundado

Publicado el Miércoles, 17 Junio 2015

Pensar en ti y notar la humedad calando mi ropa interior es todo uno.  

Ya había oído yo que había mujeres a las que le sucedía esto con frecuencia sin contacto físico alguno. Pero yo pensaba que eran trucos similares a los de algunas películas porno baratas en las que, en cuanto asomaba el galán de turno, a todas las chicas se les empapaban las bragas y se rendían a sus pies sin más diálogos que unos cuantos gemidos.

Sin embargo, contigo era algo espontáneo y rápido. No había tiempo para deleitarse en preliminares recordando. Toda vez que tu pensamiento llenaba mi cabeza se me aceleraban los latidos y la sangre empezaba a bombear con fuerza hacia la parte inferior del cuerpo. Y de repente no existía nada más. Todas mis ideas habían confluido en una sola y tu rostro daba tumbos en mi cerebro de un lado a otro. Tras eso, empezaba a rememorar nuestro último encuentro: tus besos, tu cuerpo que iba desnudando poco a poco, tus manos que me recorrían ansiosas y lentamente a la vez. Y mi sexo se iba inundando con tus recuerdos.

A la par que los espasmos se apoderaban de mi interior, y me hacían sentirte involuntariamente en la distancia, los fluidos de mi cuerpo se reconcentraban en tu persona y se reflejaban en mi ropa interior. No necesito nada más para llegar a un momento de éxtasis mejor: sólo seguir pensando en ti, seguir pensando en que volverás… tú a tocarme y yo a sentirte. Y a hablarnos largamente en los silencios. 

Con intensidad, con ganas, deleitándonos en lo que no podemos decir, en lo que no hace falta decir, pero hay que compartir de algún modo.

¡Qué milagro de la naturaleza es que tu cuerpo responda por ti cuando tú no sabes como reaccionar ante la vida! Adoro la sensación de recordarte con esa pasión que no soy capaz de controlar. Todo mi cuerpo maximiza el impacto de las sensaciones provocadas por tu lengua en diversos tramos de mi piel. Y se inunda. Me ahoga la ensoñación de tu nombre. Se baña mi necesidad en tu imagen. Y sólo puedo gozar, cerrar los ojos y complacerme, centrarme en cómo se empapa mi universo de ti. Cómo en lo único que puedo mantener la atención es en la añoranza de tus dedos y recrear con los míos, aquellos momentos que anhelo con tanta intensidad y  que hoy van a dejar al descubierto la parte más íntima de mi cuerpo.

Creo que no puedo seguir contándote lo que me pasa contigo. Mejor voy a intentar disfrutarlo…

 

* Ilustración de Francisco Asencio

 

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