Reuniones de Trabajo

Publicado el Viernes, 26 Junio 2015

Mario y yo estamos de nuevo en una reunión de trabajo. Hace solo unos meses que nos conocemos y ya hemos estado juntos, carnalmente hablando, o mejor dicho, directamente follando, varias veces. Pero nos quedamos siempre con ganas de más. De probarnos en muchas posturas más.

Me encanta que esté pendiente de mí y que haga por sentarse cerca cada vez que tenemos que reunirnos con los jefes de departamento. Con lo que me aburrían estas asambleas semanales y sin embargo ahora paso los días esperándolas. En la del pasado jueves consiguió de nuevo sentarse junto a mí y no podía dejar de rozarme la pierna con el dorso de la mano. Bueno, así fue como empezó, porque a los diez minutos de estar sobándome, ya pasó a mayores y decidió meter la mano entre mis muslos. Y como yo ya conozco este tipo de técnicas, voy preparada convenientemente. Lo mejor son las minifaldas elásticas o los vestidos cortos vaporosos. ¡Menos mal que esta aventura me ha pillado en verano, claro! Lo paso mucho mejor sabiendo lo excitado que está él y pensando en lo mal que lo debe estar pasando tan empalmado y sin poder aliviarse, que realmente con lo que consigue conmigo. Es difícil llegar al fondo de la cuestión salvo que la sesión sea multitudinaria y tengamos que sentarnos muy apretados. Aun así, el último día estuvo estupendo sin llegar al final: discreto a la par que acertadísimo, y casi me da un infarto de aguantar tanta excitación. Los dos debemos mantener la compostura todo el tiempo: la frialdad en el rostro, la respiración normalizada, e incluso seguir el hilo de la conversación para cuando nos toque intervenir hacerlo con coherencia. Al fin y al cabo estamos trabajando. Pero es que estuvo tanto tiempo dándome placer que el calor en la cara me delataba seguro. De hecho, tuve que preguntar en más de una ocasión si estaba funcionando el aire acondicionado y confesar que los sofocos de una menopausia que no padezco me traían loca. 

Hoy, esa mano suya, tan grande, que ha deslizado con disimulo en mis bragas, consigue que las gotas de sudor broten rápido por mi espalda y caigan hasta mi coxis ardiendo, dándome así un goce extra. En esta mañana he querido ponérselo difícil durante un rato y mantengo las piernas cruzadas.  No siempre va a ser como la semana anterior, en la que acudí a la reunión sin ropa interior y casi se delata cuando tocó mi piel directamente sin obstáculo alguno. Mario me ha hecho un gesto arrugando los labios para indicarme que le fastidia un poco mi actitud tan poco entregada, seguida de una tímida sonrisa pícara que me demuestra que le gusta el desafío. Así que me he limitado a descruzar las piernas por darle algo de ventaja pero sin darle paso libre todavía. Sus dedos largos están buscando, revolviendo mi escaso vello púbico con ansias, con firmeza. Intentando someter mi decisión. Hasta que, de repente, el dedo corazón de su mano izquierda ha encontrado lo que iba persiguiendo y me cuesta no dejarle hundirse a gusto. Sin embargo aguantaré un poco más. Eso le está obligando a arrimarse más, a esforzarse más, y seguramente estará mucho más excitado. Hoy, además, yo no voy a tocarle. Otras veces ha sido mi mano la que ha navegado por sus pantalones con un deseo firme. Hoy no. Hoy quiero que su pasión llegue al límite y que las ganas superen su prudencia. Quiero ver el volumen de su inflamada entrepierna cuando tengamos que levantarnos de la mesa que nos oculta. 

Sin embargo su tesón va a hacerme perder esta apuesta tácita. Estoy muy húmeda y empiezo a necesitar que se adentre en mí cuanto antes. No cedo. Por fin se instala con ganas en mi clítoris y lo masajea con mimo, con el conocimiento de quien lo ha acariciado ya anteriormente y tiene claro cómo darle lo que quiere. Mis rodillas relajan la tensión y permito que su saber hacer se recree. Permanecer impertérrita se hace complicado. No he conseguido entender bien las últimas frases del jefe de área. ¡Qué calor! Estoy notando que se acerca un orgasmo intenso y arrebatador. Mi ardiente sexo está ya a su completa disposición. ¡Lástima que solo sean unos cuantos dedos los que vayan a disfrutarlo! Si aprieto la boca igual no se me escapa ningún gemido, pero me estoy mareando y sé que no voy a poder evitar cerrar los ojos por momentos. ¡Ya llega! Hiperventilo sin remedio y suelto un sonoro suspiro. 

 - ¡Amy, querida! ¿Te encuentras bien? Definitivamente es una pena con lo joven que pareces, que esa menopausia anticipada te esté afectando tanto.

 

* Ilustración de Francisco Asencio

 

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