Excesos y sexo

Publicado el Jueves, 24 Septiembre 2015

No han sido muchas las veces en las que me han ofrecido algún tipo de droga para pasar un buen rato, pero alguna ha habido. Sobre todo han venido de parte de algún “caballero” que me prometía todas las maravillas del sexo y más juntas en la misma noche si lo mezclábamos con esas sustancias. Sin embargo yo no soy para nada partidaria de estas prácticas, y siempre he dicho que no. Prefiero llevar una vida sana y saludable y que además no es nada incompatible con la diversión. Aunque obviamente, a lo largo de mis años más jóvenes he tenido ocasiones de probar los efectos que en mí producían otro tipo de excesos, como los del alcohol, pero que no solía ver en los demás: y es que me vuelvo híper sexual y desinhibida del todo. 

Como lo más preocupante para mí siempre ha sido perder el control sobre mi misma respecto a cualquier cosa y eso no me gusta nada, ni siquiera cuando me ha sucedido estando sola, un buen día decidí no volver a beber más cubatas de la cuenta. Sin embargo hoy os lo quiero contar aquí porque tengo que reconocer que alguna vez fue divertido.

La euforia con el alcohol es un síntoma bastante común, o al menos el más común entre la mayoría, aunque siempre tengo que contar la excepción que abandera mi amiga Susana ya que ella se harta de llorar y se vuelve inconsolable cada vez que se emborracha. Pero en mí lo habitual es que el subidón de los gin tonics, ya me ponga muy caliente y mi sensualidad comience a desplegarse a diestro y siniestro, insinuándome a casi cualquiera sin importarme ni sexo ni edad. Si eso lo mezclamos con risas y música bailable a todo volumen entonces ya pasamos a otra dimensión. De entrada la sensación de calor intenso siempre hace que empiece a quitarme ropa, incluso cuando llevo poca, y en más de una ocasión mis amigos han tenido que convencerme para que me dejara puesto el sujetador o al menos las bragas. Después, noto que empiezo a pensar muy deprisa y a encadenar ideas de todo tipo, no obstante, parece ser que lo malo viene después cuando me empeño en compartir con todos esas ideas incluyendo las amplias argumentaciones.

Pero volviendo al tema que nos ocupa, mi síntoma más acusado es que el exceso de copas en mi cuerpo me produce muchas ganas de follar: sola o acompañada. Cuando he tenido con quien enrollarme, ni siquiera he esperado a que se fueran todos y he empezado a meterle mano a mi pareja sin pudor alguno pasando rápidamente a sentarme encima de la incontrolable erección de más de un sorprendido novio; o, de igual modo, me he abalanzado sobre las tetas de alguna amiga a la que no le incomodaran mis inexpertos lametones de mujer hetero. Y siempre lo he pasado muy bien. 

Sin embargo, las ocasiones en las que mi estado civil ha sido “soltera y sola”, he disfrutado muchísimo más con estos ratos de suma excitación. Aunque en esos casos los momentos verdaderamente aprovechables, sexualmente hablando, han llegado una vez que los amigos se habían marchado y yo había podido encontrar calma para desarrollar todas las fantasías que rondaban mi cabeza. De ese modo me he descubierto más zonas erógenas que estando acompañada y con finales plenamente satisfactorios. Siempre, eso sí, con la inestimable ayuda de la última tecnología en juguetes eróticos. El problema aunque sólo en una minoría de estas veces, y es lo que siempre me ha llamado más la atención de mis reacciones, es que todos esos pensamientos que como flechas cruzaban mi cabeza cuando estaba en ese estado de trance, me aturdían tanto que me descentraban de mi objetivo y no era capaz de llegar al orgasmo. Si me encontraba en éxtasis, sola, con un maravilloso dildo navegando en mi interior, de repente  me acordaba del viejo charcutero que me había despachado a mediodía, y lo relacionaba del tirón con los cuchillos que en tan mal estado tengo en mi cocina, y eso con la última vez que había terminado a cuatro patas con mi novio en el suelo de la misma y del gatillazo de él, con lo cual toda mi libido se venía abajo y la frustración anulaba mi capacidad de llegar a buen término. 

Otras veces, cuando todas las caricias que mis manos me habían prodigado delante del espejo del dormitorio me tenían a punto de reventar de placer, las manchas en el mismo me recordaban exactamente la configuración de los países del Este y por qué se habían producido todos los movimientos geopolíticos de los últimos años, de tal modo que las ansias de comprobar en internet si la población emigrante de esa zona había decrecido mucho o no, superaban al ímpetu con el que llegaba a mi pelvis el esperado torrente de lujuria que pretendía desbocarse en mi interior.

En definitiva, opté por dejar el alcohol en exceso. Es mucho mejor disfrutar del sexo conscientemente que no prestarle la atención debida y encima ni siquiera sacarle rendimiento literario a todo ese continuo flujo de ideas descabelladas que ni tan siquiera era capaz de anotar para redactar con lógica después. Y además tengo que reconocer que lo mejor después de un buen polvo, es esa sensación de ser capaz de no pensar en nada.

 

 

* Ilustración de Francisco Asencio

 

Accede a nuestra tienda on-line www.masalladelplacer.com y obtén un descuento del 5% en tu compra.  Usa el cupón número AL005.

 

PULSA Y ENTRA EN WWW.MASALLADELPLACER.COM