Dificultades con el sujetador

Publicado el Jueves, 07 Abril 2016

Siempre que en una reunión de amigos hablamos de lo importante que es la ropa interior cuando llega la oportunidad de tener un momento de intimidad, nos quedamos a un nivel muy superficial, y lo que se suele comentar es si lo mejor es dejársela puesta o quitársela enseguida a tu pareja. De la trascendencia erótica de un buen modelito sugerente o de uno cómodo, o de si a los tíos lo que menos les interesa es lo que va sobre la piel. Pero cuando profundizas un poco más, te das cuenta de que en realidad existe todo un mundo de problemas más allá de todo eso, y tiene que ver con las dificultades que tu pareja puede encontrar con el variopinto universo de cierres de los sujetadores y bodies.

A mi, personalmente, siempre me ha resultado muy divertida la lucha de algunos hombres de mi vida con los corchetes y los cierres de mis sujetadores cuando ellos han querido desabrochármelos. Si los encuentran por detrás, que son los grandes clásicos, podemos diferenciar al habilidoso que con un buen juego de muñeca y al instante se deshace de él, del menos capacitado que además de necesitar su tiempo, utiliza las dos manos. Y si en un alarde de virtuosismo pretende hacerlo sin mirar, existe la posibilidad de que para cuando haya terminado, tu libido se encuentre a la altura de los tobillos. Si por el contrario, el sujetador es de los que tiene cierre delantero, como son menos habituales, suelen dar más guerra. Algunos porque utilizan futuristas mecanismos con deslizamientos verticales y otros porque el sistema de corchetes automáticos puede llevar a tu chico a clavártelos directamente y sin querer en el pecho.

En principio y aparentemente son muchos más simples los sujetadores deportivos de estilo top y contorno elástico cerrado. Esos aunque solo hay que sacarlos por la cabeza cual camiseta, es posible que den más de un disgusto si se quedan enrollados a medio camino, produciendo situaciones incómodas o muy divertidas, según decidas tomártelo. Claro que también puede suceder que por deportivo que te lo compres se acomoden al cuerpo con una extensa hilera de pequeños enganches y entonces tu chico pase más tiempo quitándote el sujetador que después en la faena.

Otras veces, cuando surge un encuentro arrebatador de esos en los que las prisas y las ganas no te dan lugar a tanto entretenimiento, y ni tan siquiera os molestáis en quitarlo, pueden darse dos circunstancias: la primera es que tus pechos terminen asomando con desfachatez por fuera del sujetador, encima de las copas, y la segunda, es que te lo levanten para dejar tus pezones al descubierto y engancharlos rápidamente. En ambos casos, existirán problemas. Si se te da el primero y las copas de tu sujetador son de las que llevan mucho foam, gel o cualquier otro moderno sistema antigravedad puede ser que éstas se rompan o se deformen para siempre. Si te ves en el segundo caso y te quedas con él enrollado por encima del pecho, y encima es un sujetador con aros, reza para que no se te rompa la ballena o el alambre y no te claves nada, porque entonces la experiencia pasaría a ser sado sin pretenderlo.

¡Y no hablemos de los bodies! No tengo una sola amiga a la que le hayan sabido desabrochar uno a la primera. Es cierto que últimamente no están muy de moda, pero ahí siguen. Y yo, que tengo alguno, he experimentado con una sonrisa ese momento de pasión en el que no saben por donde meterte mano y tienes que ser tú y sólo tú la que acuda al rescate.

En definitiva, el mundo del sexo debería ser más sencillo pero a veces no lo es, salvo que decidas adoptar la moda hippie de los sesenta y dejar el paso libre por arriba y por abajo a tu pareja. ¡Pruébalo a ver!  

 

 

 

 * Ilustración de Francisco Asencio

 

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