Despedidas de soltera

Publicado el Miércoles, 21 Septiembre 2016

Yo creía que lo de las despedidas de soltera con locas aventuras era solo un mito de películas de cine, o de jovencitas enloquecidas por la reacción del alcohol en hormonas casi por desarrollar aún. O igual es que las chicas de las pocas bodas a las que me han invitado hasta hoy, habían celebrado el final de la soltería con fiestas tradicionales y solo habíamos salido a bailar y beber con la normalidad de un sábado noche cualquiera. Pero no hace mucho he podido vivir muy de cerca el tremendo espectáculo que dieron un grupo de chicas la noche antes de la boda de una íntima amiga. Por supuesto que yo debería incluirme en ese lote de mujeres salvajes que salieron a quemar la ciudad y a desparramar como si no hubieran visto un hombre jamás o nunca hubieran tomado un “gin tonic”, pero aún estoy con los efectos de la vergüenza propia y ajena y no me atrevo ni a oírmelo decir.

Conozco a Tina desde la universidad. Tranquila, prudente y de poco llamar la atención, siempre ha sido una de mis amigas de confianza aunque en la vorágine de nuestras rutinas nos veamos poco. Me conozco todas sus aventuras amorosas y por descontado al apasionado amor actual que la ha llevado al altar. Sin embargo lo que no conocía era como iba a mutar su personalidad cuando las amigas del gimnasio empezaron a retarla y jalearla para que se subiera a la barra del pub y en sujetador se marcase un temazo del reggaeton que tanto aborrece. Claro que todo esto pasaba después de los vermuts del aperitivo, del vino de la cena erótica, del subidón del espectáculo de “boys” y del momento copazo con karaoke. Por lo visto, había sido toda la troupe de su clase de zumba la que le había preparado tamaña fiesta “más típico no lo hay” y en la que ella se había dejado involucrar gustosa y agradecida. Por supuesto lucimos un elemento decorativo e identificador común del evento, aunque agradecí bastante que no fuese la habitual diadema con motivo sexual masculino.  Y sí, admito que yo también llevé puesta la camiseta con el lema: “ La novia no es la única que quiere follar hoy”. Y admito igualmente el hecho de que me ayudara a enrollarme más fácilmente con un macizo jovencito en los baños del restaurante y a terminar la noche en la habitación del hotel de un interesante distribuidor de conservas. Esa es la parte que más me gustó de toda la despedida. Ya sabéis que yo siempre estoy a favor de que cada una disfrute de su cuerpo cuanto quiera y donde quiera siempre que sea sexo seguro e higiénico.

Lo que sentí más fue que a Tina le diera un ataque de responsabilidad después de haberse acostado con el chico de los cócteles y se pasase llorando y lamentado lo ocurrido casi toda la madrugada. Lo que le dio más rabia fue que su revolcón no fuese satisfactorio. Para una vez que se había decidido a ponerle los cuernos a su novio con la excusa de la borrachera fiestera, le tocaba un tío insulso que no había sabido hacerla disfrutar. ¡Si es que no hay nada peor que un polvo rápido que no te sepa a gloria! En caso de haber terminado viendo fuegos artificiales con un súper orgasmo, seguro que no habría tenido ningún tipo de trauma, que la conozco yo lo suficiente como para saberlo. En resumen: una celebración divertida aunque no esté dentro de mi estilo.

Tina se casó unos días después en una bonita ceremonia dentro de lo estándar, pero ya me advirtió en el convite que se le había quedado una espinita con lo de la despedida. Así que lo ha pensado mejor y me ha dicho que está dispuesta a encontrar el “aquí te pillo, aquí te mato” perfecto. Y a mí siempre me parecen fabulosos los motivos que cada mujer tenga para divertirse con el sexo.

 

 

 

 * Ilustración de Francisco Asencio

  

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