Celos

Publicado el Martes, 09 Junio 2015

La última vez que tuve celos de una chica fue con diez años y la chica en cuestión era mi hermana. Ella había hecho la comunión con un precioso vestido nuevo blanco y larguísimo, que ahora mi madre pretendía que yo reutilizara. Ella estrenaba todo y sus deshechos terminaban siempre en mi armario. Después de aquello nunca por ningún motivo he sentido celos de ninguna otra mujer. Hasta ahora.

Salgo con un chico maravilloso. Musculado pero sensible, divertido pero sin histrionismos, con dinero pero nada pijo… y músico. Cantante conocido para más detalle. Bueno, en realidad muy popular. Y estoy un poco harta de ir por la calle con él como si llevara un unicornio blanco de paseo.  

No está bien que cuente los detalles de cómo me lo paso con él en la cama, porque eso si que daría celos a más de una. Sin embargo os lo voy a contar. ¿Qué voy a hacer si no con tanta alegría postcoito dentro del cuerpo? ¡Tendré que compartirla! Yo pensaba que las risas en la cama estaban sobrevaloradas, pero no. Supongo que sería porque hasta ahora yo nunca me había reído tanto mientras practicaba sexo. Por supuesto que unas sonrisas cómplices al principio, unas carcajadas en un momento dado por unas cosquillas, por una broma en su justo momento, eso sí que lo había experimentado, pero había sido todo mucho más trascendente, quizás por exceso de sentimentalismo. Y ahora no es así. Mi idolatrado cantante me hace reír constantemente: desde que empieza a comerme los morros hasta que se termina de comer todos los rincones de mi cuerpo. Va provocando mi risa al mismo tiempo que se deshace de mi sujetador o me quita los vaqueros. Me canturrea temas clásicos al oído, muy versionados eso si, mientras me excita intercalando todo lo que piensa hacerme para que mis orgasmos se oigan en todo la urbanización. Me hace chistes sobre las otras estrellas con las que sale de gira a la vez que lame mis pechos. Compara mis nalgas con las guitarras que más le gusta tocar y cuando menos me lo espero se marca un ‘solo’ de placer imitando a Mark Knopfler que siempre acaba con mis gritos pidiendo los bises. Su habilidad con el teclado creo que la consigue a fuerza de practicar con los dedos dentro de mi cuerpo y los entrenamientos diarios para estar bien en forma en sus conciertos, consiguen que sea un jinete enérgico que es capaz de masajearme la espalda al mismo ritmo con el que guía sus fabulosos movimientos pélvicos en mi interior.

Todo funciona a la perfección hasta que las jovencitas, y no tan jovencitas, le van parando por la calle a pedirle autógrafos y `selfies´. En ese momento nada me parece divertido. Mi sentido de la posesión se ha agudizado tanto que las echaría a todas a patadas de unos cincuenta kilómetros alrededor. La cuestión es que él no hace caso a ninguna. Las atiende con educación y encanto y satisface las ansias de famoseo de todas. Precisamente por eso, yo no soy capaz de serenarme. De repente me lo imagino riéndose en la cama de su hotel con otra que no soy yo y me cambia el humor por completo. Nunca me había sucedido. Nunca me había sentido así con ninguna otra pareja. Y estoy convencida de que no es una cuestión de enamoramiento. Es más bien encoñamiento. Lo quiero sola y exclusivamente para mí. En carne y huesos sólo para mí. Creo que podría soportar que tuviera amigas intimas muy importantes en su vida, a las que contase sus neuras o lo bien que le va conmigo,  pero tengo clarísimo que no puedo soportar la idea de que otra tipa le meta la mano por la bragueta del pantalón y encuentre lo que a mí me vuelve loca disfrutar. O que venga cualquier “groupie” con ansias de estrenar artista y le intente morder esa boca que es sólo para mí. Así que tengo que confesarlo: soy una psicópata con celos enfermizos. Y lo peor de todo es que estoy orgullosa de serlo y pienso defender y disfrutar ese cuerpo con uñas y dientes.

No sé cuánto va a durarme este chico tan encantador pero presiento que yo no voy a poder aguantar mucho esta tensión, ni él mis presiones. Así que con esta perspectiva de futuro creo que voy a procurar acompañarle a todos los conciertos a los que me invite, follármelo entre tema y tema si se diera la ocasión y reírme todo lo que pueda en la cama y fuera de ella. Soy celosa y eso no conduce a nada bueno, por tanto aprovecharé el momento y más. Igual cuando me deje se me pasan.

 

* Ilustración de Francisco Asencio

 

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