Amor a varias bandas

Publicado el Jueves, 15 Septiembre 2016

Mi amiga Marta tiene un amante estable. Un fabuloso amante fijo que la satisface casi plenamente. Y digo casi porque la perfección no existe y porque ella dice que si fuera perfecto no tendría necesidad de nadie más. Pero la tiene. Tiene necesidad de mucho más. Porque tiene un marido al que adora, con una vida familiar rutinaria y acomodada que le encanta. Aunque también tiene otros encuentros sexuales esporádicos sin mas ataduras que las que físicamente busca que le hagan en algunos momentos apasionados para disfrutar al limite. Ella es así.

Dice que le gusta exprimir la vida al máximo y tocar todos los palos. Que ningún placer debe ser excluyente: ni los físicos, ni los del alma. Yo he comentado con ella si no estaría mejor entrando a formar parte de ese concepto ahora tan de moda que engloba el término del “poliamor”, pero ese no es su enfoque. No quiere compartir sus medio-secretos, como ella los llama. Todo forma parte de su intimidad y, según ella, es lo que le da interés a sus aventuras. Y a mí simplemente me fascina. ¡Si algunos fines de semana a mí me cuesta organizarme sólo para tomar unas copas con los amigos, ya no os cuento si encima tuviera que andar cuadrando mi agenda para follar a escondidas a diestro y siniestro! 

Marta me insiste siempre que no es cuestión de organización sino de todo lo contrario: de dejarse llevar. La gracia está en dejar que sea la vida la que fluya, la que te oriente y te indique si la noche del viernes la vas a pasar con alguien que has conocido en Tinder, o si pospones el vermú con las amigas porque los niños están de campamento y prefieres preparar un sábado romántico en casa, o si mejor, el cine de los miércoles se va a convertir en un súper peliculón erótico junto a tu amante. Tiene clarísimo que cualquier otra forma de intentar estructurar su vida la volvería loca. 

¿Cuánto tiempo lleva así? Mucho. ¿Cuánto más puede seguir así? Lo que su cuerpo aguante, creo yo, porque su mente puede permitirle mantener ese ritmo aún muchos años más hasta que decida dejarlo por cansancio o por aburrimiento. Y no parece que por ahora ninguna de esas dos cosas vaya a suceder. 

Por lo que a mí respecta, yo no entro jamás en juicios de valor con mi amiga, y lo único que me preocupa es que ella sea feliz y esté cómoda en cualquier situación en la que se encuentre. Y por supuesto, siempre estoy disponible para que me cuente los detalles de todas sus andanzas, especialmente los eróticos y más divertidos. Y para eso Marta nunca se hace de rogar y por supuesto siempre encuentra tiempo para mí.

 

 

* Ilustración de Francisco Asencio

 

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